Ponte de Lima es una de ellas, la villa más antigua de Portugal y posiblemente una de las más bellas. Su gran atractivo reside en su imponente puente romano, que luego fue medieval, construido sobre el manso río Lima invita a la contemplación. El resto del pueblo también merece un buen paseo por sus callecitas empedradas e iglesias góticas encaladas.
"I choose my own journey" by María Eiras.
Siguiendo el río Lima hasta llegar a su estuario encontramos otro bonito e histórico pueblo: Viana do Castelo. De sus astilleros salieron las naos que exploraron el nuevo mundo en sus rutas por las Américas, de ahí la importancia de esta localidad que puede apreciarse en sus majestuosas fachadas. La belleza de su enclave se disfruta especialmente desde la Basílica del Sagrado Corazón, a la que se puede subir en el típico elevador portugués.
Por la zona hay varios ríos muy apetecibles para el baño, como el río Homme, afluente del Lima, dónde nos bañamos e hicimos pic nic.
Otra parada reseñable fue Valencia del Miño, Valenca do Minho, una fortificación a orillas del río, justo enfrente de la gallega Tui. Sus calles están repletas de tiendas de toallas, sábanas y souvenirs, pero además del mercado merecen una visita su fortaleza, algunas casas con azulejos preciosos y las vistas del puente de Eiffel sobre el Miño.
















