domingo, 7 de diciembre de 2025

Sopa de queso Munster, típica de este pueblo de Alsacia

 




Una de las recetas alsacianas que más me gusta es la sopa de queso Munster.

Es muy fácil de hacer:

  • 20 gramos de mantequilla
  • 20 cl de Crema de leche
  • 100 gramos de queso Munster
  • 600 gramos de patata
  • 1 puerro
  • 1 vaso de cerveza
  • Sal y pimienta

Preparación

  1. Rehoga el puerro picado en la mantequilla hasta que esté tierno y fragante.

  2. Añade las patatas en trozos y mezcla un par de minutos.

  3. Incorpora la cerveza y deja que hierva un momento para que evapore el alcohol.

  4. Cubre con agua o caldo y cocina hasta que las patatas estén muy blandas.

  5. Tritura hasta obtener una crema suave y añade la crema de leche.

  6. Con el fuego bajo, incorpora el queso Munster en cubitos y remueve hasta que se funda por completo.

  7. Salpimenta al gusto… ¡y listo!

Queda espesa, reconfortante y perfecta para un día frío, como los que se viven entre los mercados navideños alsacianos. 🎄✨

Este queso resulta igualmente delicioso a trozos, sin necesidad de hacer la sopa :)) 

lunes, 12 de mayo de 2025

Namur, una merecida escapada belga

Namur, desde el río Sambre al fondo su ciudadela.

En mayo me escapé con mis padres a una preciosa ciudad belga donde, además de disfrutar, me tocaba trabajar: Namur.

La idea era sencilla pero perfecta: mientras ellos paseaban y descubrían la ciudad a su ritmo, yo cumplía con mis obligaciones, y después podía unirme a algunos de sus planes. Y la verdad es que funcionó de maravilla.


                               

                                           Mis padres en Namur.


Namur es la capital de Valonia, la región francófona de Bélgica. Es una ciudad pequeña y encantadora, abrazada por los ríos Mosa y Sambre, con una imponente ciudadela y un castillo que se alzan en lo alto, rodeados de bosque. Historia, naturaleza y calma se mezclan aquí de una forma especial.
Lo tiene todo para convertirse en una escapada mágica.

                                
En la Plaza de Armas, la plaza principal de Namur dónde está su ayuntamiento.



Muy agradable también acercarse al río los días de mercado. 


                                           
Mi madre en el teleférico que sube a la ciudadela.

Es muy recomendable subir en teleférico a la ciudadela para apreciar las vistas y bajar andando por un camino rodeado de bosque.

                                      
Desde la Ciudadela se puede otear Namur abrazada por sus ríos.

                                       
Mi padre alimentando a la tortuga de "En busca de la utopía" de Jan Fabre. Creo que él y su intención de alimentar mejoran aún más la obra.


El Castillo de Namur.
El Castillo de Namur es hoy una escuela de cocina dónde se puede comer muy bien con buenas vistas a un precio más o menos comedido. 

El menú gastronómico.


Para ir a Namur volamos a Bruselas y aprovechamos para comer patatas fritas con mejillones, como no podía ser de otra manera. Además dimos un paseo por la ciudad de la mano de mi amiga Anita. 


La Gran Place, Bruselas.


Hay que aprovechar los rallitos de luz en Bélgica tomando un café en las plazuelas.

Un paseo por Bruselas, en una zona que no es tan turística, por detrás de la catedral.

Viajar con mis padres es siempre un placer porque son muy disfrutones, como yo y con ganas de pasear y descubrir los lugares que habitan los paisanos. 

jueves, 6 de febrero de 2025

Una visita en familia a París y Eurodisney

                                             

Con Lorena, Inés y Matías por el Sena, visitar París con amigas de cicerone siempre es mejor. 


                                                     

                                                  Un día brumoso y precioso en París. 

                                                 

Lorena y Félix en el batobus. Un paseo muy recomendable después de subir a la Torre Eiffel. 

                                              

                               La entrada al Parque, welcome to Eurodisney.

Eurodisney es el paraíso de los niños, pero ha decir verdad como madre es un poco menos placentero. Las enormes colas y el frío deslucen un poco la magia de las atracciones. Habiendo dicho esto, lo que más me gustó fue la cabalgata y los teatros y lo que más le gustó a mi hijo fue la casita del árbol de Robinson Crusoe, para lo que gracias a dios no hay que hacer cola :) 


                                         

                                           Álvaro y Félix con Dumbo.

Obviamente, prefiero mil veces pasear por París, aunque lo mismo como madre y como tía tengo que volver a Eurodisney alguna vez en mi vida, y barajaré muy mucho romperme una pierna para poder entrar por la cola rápida sin pagar je je je


Uno de los hoteles dentro del parque temático.

Merece la pena quedarse en alguno de los hoteles dentro del parque temático para aprovechar bien el día, porque así puedes entrar una hora antes de que abran para todos. Nosotros nos quedamos en el hotel de Cars que está a un paseo de unos 30 minutos de la entrada. El desayuno con las tortitas en forma de Mickey Mouse hace que merezca la pena madrugar.

Blanca, Álvaro y Félix en la calle de entrada al parque llena de tiendas.

La comida es tremendamente cara en Eurodisney, no está de mal echarse un bocadillito al bolso :) 

                                              
             Por si alguien se lo pregunta Mickey no habla ningún idioma. No habla. 

La magia de Eurodisney también me invadió, por momentos.



Blanca, mi suegra, le regaló el viaje a Eurodisney a Félix por su 4 años, el nivel está muy alto para el resto de tu vida pequeño :) 

lunes, 18 de noviembre de 2024

Lanzarote, entre la luna y el mar

Los jameos del agua en familia.

He tenido la fortuna de viajar a Lanzarote en innumerables ocasiones por trabajo. Y, aunque los desplazamientos laborales cansan, hacerlo a Lanzarote convierte el cansancio en algo más llevadero, algunas veces hasta en un privilegio.

Lanzarote es una isla distinta a todas, suspendida en algún punto secreto entre la luna y el mar. Su piel, marcada por el aliento ardiente de los volcanes, conserva aún la memoria del fuego. Sin embargo, de entre la negrura áspera surge siempre un destello de verde obstinado, un pulso de vida que desafía lo imposible. La isla entera es un manifiesto de supervivencia, una prueba de que la belleza también puede brotar del terreno más inhóspito.

En el volcán de La Corona, un paseo fácil.

Los Jameos del Agua.

La isla es hija del fuego: nació de las erupciones del Timanfaya y renació, siglos más tarde, con la eclosión de César Manrique. Lanzarote lleva su impronta en cada latido. Todo ha pasado por sus manos: los Jameos del Agua y su auditorio submarino, su antigua casa convertida en fundación, los “juguetes del viento” que vigilan las rotondas, el Mirador del Río que se asoma a La Graciosa, la Cueva de los Verdes, el Jardín de Cactus, el Monumento al Campesino, la intervención sobre el Timanfaya, hasta el propio aeropuerto, ahora rediseñado, respira parte de su visión.

                                                                                                                                              Fundación César Manrique.

Y, aun así, su obra no cansa. Al contrario: se celebra, se agradece, se reconoce en cada esquina. Porque en cada una de sus creaciones palpita un respeto absoluto por la naturaleza y por la esencia irrepetible de Lanzarote, como si el artista hubiera sabido escuchar el latido de la isla y traducirlo en forma, luz y silencio.

                                                    

                                    La rotonda del Monumento de los campesinos, de César Manrique.


                                             

                     Desde el Mirador del Río, enfrente a La Graciosa. Nunca he entrado a la instalación, dicen que no merece la pena, las grandes vistas se aprecian desde fuera. 

El paisaje lunar visto desde el autobús que recorre el Parque Nacional del Timanfaya.


                                       


                                       

                                                  Camellos por el Timanfaya. Un primer plano de Felipe.

La visita al Timanfaya es obligada, el paseo en camello no. Aunque una vez que fui con Félix nos dejamos pasear por el camello Felipe y lo recordamos con cariño.

                                               

                                        

                                                         Géiser del Timanfaya.

Es espectacular ver que el volcán sigue vivo y si le echas agua caliente sale un géiser. Muy recomendable quedarse a comer en el restaurante del Timanfaya el pollo hecho al calor del volcán.


El Charco de los Clicos, es verde por la presencia de aguas y azufre en el agua. Al otro lado el mar.

Cerca de la laguna hay muchos restaurantes buenos para comer, en Lanzarote hay mucha oferta. Pero creo que si tuviera que elegir uno me quedaría con el Sebe y su arroz con carabineros de La Santa, un caladero que se descubrió en la pandemia y que explota una familia de pescadores locales que sacan a la luz las mejores gambas y carabineros que yo he probado nunca. 

El arroz con carabineros del Sebe.

Atardece en San Ginés.

Lo más feo de Lanzarote es posiblemente su capital: Arrecife, pero incluso en esta urbe un tanto destartalada existen rincones admirables como el Charco de San Ginés repleto de barecitos para tomarse unas lapas a la plancha o las típicas papas arrugás. 

Aunque para comer bien y barato en Lanzarote lo mejor son los Teleclubs. 

Otro rincón un poco más desconocido de la isla es la casa dónde vivió José Saramago, llegué tarde a la visita pero me encantó conocer su maravillosa biblioteca. 

La Biblioteca de Saramago.

Y si me tuviera que quedar con un rincón para volver, sería siempre Famara. En la playa de abajo de su risco. Y su antigua capital Teguise, que hoy es un pueblecito concurrido y adorable.

Teguise, la antigua capital de Lanzarote.


Famara y siempre.


jueves, 17 de octubre de 2024

San Antonio, la ciudad de Texas de origen canario


Texas es la cuna del tex-mex, a un paso de México en este estado se unen no sólo se unen las gastronomías, si no también las culturas y las idiosincrasia de sus gentes. 

                                                   

Estuve en Dallas y San Antonio. Dallas es una gran capital con sus típicos rascacielos, cochazos 4 x4 y avenidas enormes. Quizás lo más destacable sea su estadio de los Dallas Mavericks y su cocina tex mex. En realidad, nada especialmente destacable...

Dallas y sus rascacielos.

Distrito de Las Artes, Dallas.

Típica comida tex-mex. Burrito.


Sin embargo, San Antonio me encantó. Es una ciudad mucho más acogedora, digamos que más latina, con un centro histórico digno de un buen paseo y una cultura más amable con el extranjero. 

San Antonio está además estrechamente vinculado con las islas canarias, pues fueron 15 familias de Lanzarote, Tenerife y Gran Canaria las que fueron "obligadas" o animadas por el rey Felipe V en 1730 a cruzar el Atlántico para fundar una nueva ciudad: San Antonio de Béjar, que luego pasó a ser San Antonio a secas.

Felipe V pensó en los isleños españoles para poblar esta zona por ser los que mejor se adaptarían a su clima cálido. Hoy esas raíces isleñas siguen estando muy presentes en la ciudad, la catedral está dedicada a la Virgen de Candelaria, patrona de Canarias y existe una asociación asociación muy activa y orgullosa de ser los descendientes de los fundadores canarios de la ciudad.

                                                       

                                                            Misión de "El Álamo"

La Misión de El Álamo es una fortaleza que consistía en una iglesia cercada, construida por los españoles en el siglo XVIII con el objetivo de convertir a los indígenas americanos al cristianismo. 


Paseo por el Río San Antonio.

El Río San Antonio que cruza la ciudad, se puede pasear a pie o ir en barco.

La escultura Citlali en el River Walk, construída en el 300 aniversario de su fundación.

La escultura Citlali es del artista mejicano Pedro Reyes y hace honor a su origen multicultural. 

El River Walk de San Antonio, muy agradable.

En el paseo por el río la naturaleza es exhuberante, también hay una zona con muchos barecitos muy agradables.

El River Walk.

La catedral de San Antonio, que acoge la Virgen de Candelaria, en honor a los fundadores de la ciudad en el siglo XVIII.

La Virgen de Candelaria en San Antonio, de Texas.

El barrio de Pearl en San Antonio también es muy recomendable para dar un paseo, el Hotel Emma, una antigua fábrica de cerveza reconvertida. Es un lujo que podríamos decir que está en el contexto de lo sostenible.

El bar del Hotel Emma.


La entrada del hotel Emma.