El puente empezaba sin planes, pero de repente el mismo viernes por la noche decidimos pegarnos una escapada... por la mañana ya teníamos coche alquilado y un cd de fado grabado, ¡nos íbamos a Oporto!
La elección, como casi todos los planes de última hora, fue estupenda. No pensaba que Oporto fuera una ciudad tan bonita, me encantan sus murales añil y blanco de azulejos y sobre todo la ribera del Duero, el río del oro. Tantos colores y tanta luz.
Oporto tiene un punto decadente, de edificios destartalados, otrora grandes palacios diezochescos. Su época de esplendor debe coincidir con la de Cádiz y otras ciudades marineras que miraban a las Américas. El graznido de las gaviotas, la luz reflejada en las olas del río -que enseguida se convierte en Océano Atlántico- y la celebración de la vida al sol, me recordó mucho al buen hacer de mi ciudad natal, Cádiz..Cambiando el Jerez por el Oporto al son de las olas.
El mejor plato de la jornada, bacalao a la braga, en el mítico Pedro dos Frangos, delicioso bacalao como caramelizado con cebolla, pimientos y aceitunas. La salsa espectacular! También reseñable la francesinha, una especie de sandwich rebozado y con filete de ternera, queso, jamón y chorizo en salsa picante. Hoy empieza el régimen!! :)
De viajar en coche, me encanta parar dónde y cuándo uno quiera. Además de la radio. Al ir paramos en Aveiro, pueblecito de playa, al volver en Gimaraes y en Villavella, Galicia, a comer.
Qué bien se vive de vacaciones y sin rumbo!!





