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viernes, 24 de mayo de 2019

Inhambane y algunas playas del Sur de Mozambique


Inhambane es una de las ciudades coloniales mejor conservadas del Sur de Mozambique. Es una ciudad que otrora tuvo un importante papel, en la época portuguesa, pero que ahora se ha quedado un poco vacía, un poco decadente. Inhambane  tiene ese toque romántico, de las ciudades que cuentan la historia a través de sus edificios desvencijados

La catedral de Inhambane. 
Inhambane desde el barco que va a Maxixe.
Los restos de un antiguo palacio portugués, hoy habitado por la arboleda.
La típica construcción de hierro y ladrillo portuguesa con su terraza porticada en la segunda planta.


Amanece camino de Tofo, por el palmeral.
A una escasa hora en coche de Inhambane se encuentra la playa de Tofo que es un paraíso natural, aún muy bien preservado.

La playa de Tofo.

En la playita de Tofinho, se puede visitar un monumento a todos los que murieron durante la Guerra Civil (1987-1992).

Cuentan los lugareños que todavía en ese barranco aparecen huesos y ropajes de las personas que fueron arrojadas al mar durante la cruenta Guerra Civil. 


Los puestos de anacardos que se encuentran por las carreteras del Sur.
Cerca de Maputo (a menos de una hora) también encontramos playas naturales impresionantes. Un día fuimos a la Playa de la Macaneta (en Marracuene) y otro a Punta D´Ouro. Ambas paraísos naturales, bastante solitarios sobre todo la primera.

En la playa de la Macaneta haciendo castillos de arena con Vuyazi. 

En Punta D´Ouro.

Álvaro y Nandasse en el Chiringuito Ponta Beach Bar.
Cuidado con los restaurantes de Maputo y de las playas de alrededores que son tan caros como los de Madrid.

Iacoppo y Vuyazi disfrutando en Punta D´Ouro.
Los hotelitos de Punta D´Ouro me recuerdan al Wakiki del Hotel.


Viaje Mayo 2019.

sábado, 19 de enero de 2019

La isla de Boracay




Welcome to Boracay!

Boracay es la isla más turística de Filipinas y una de las más turísticas de Asia. Tiene 10,32 km2. La tuvieron que cerrar durante unos meses porque la masiva construcción de hoteles y resorts estaba acabando con la salubridad de sus playas. Después de diversas tareas de saneamiento la han vuelto a abrir.

White Beach.


White Beach, la joya de Boracay.


Llegamos sin saber qué nos íbamos a encontrar, habíamos escuchado a algunos adorarla como paraíso terrenal y a otros rehusar de sus encantos debido a su extrema explotación. Nosotras, nos quedamos en el lado de los que la aman y disfrutan de sus palmeras que dan sombran a las playas de arenas blancas,  sus baños en aguas turquesas transparentes y sus múltiples opciones de restaurantes y bares para ver las puestas de sol.

Después de un viaje con escasos lujos gastronómicos, no nos parecía mal sentarnos de vez en cuando a comer en un restaurante, aunque fuera turístico. En un día nos gastamos lo que en una semana viajando por Romblón y Gigantes. También aproveché para bucear con Victory Divers, muy recomendable experiencia.


Una luz cegadora.

White Beach, es la joya de Boracay.



White Beach, Boracay.


A la sombra, porque el sol refleja en la arena blanca y te abrasas.

La típica estampa de White Beach, Boracay.


Sunset o´clock. El momento del día. 
 Desde luego lo turístico no está reñido con lo bello. No me importaría volver a Boracay a pasar más tiempo en sus paradisíacas playas.

viernes, 18 de enero de 2019

Isla de Gigantes: Gigantes Sur

El sitio de mi recreo.
Dejamos atrás las Islas del Archipiélago de Romblón y tras casi un día entero de viaje desde Roxas al Terminal Puerto y de ahí a Estancia dónde cogimos una bangka, llegamos hasta Carles, Gigantes Sur en el Mar de Bisayas. Las Islas de los Gigantes Norte y Sur deben su nombre a los humanos de grandes dimensiones que cuenta la leyenda vivían allí, parece una historia irreal pero encontraron unos ataúdes de tamaño desorbitado que dan nombre a este archipiélago, que algunos comparan con el mismo edén.

Llegar a las islas no es fácil, por eso no están explotadas por el turismo. Nosotras encontramos en la pequeña aldea de Carles todo lo que andábamos buscando.

Nuestra cabañita en la isla.
Una cabañita en la playa, una pequeña población con gente encantadora, karaoke y bar con cerveza, y como colofón un pescador que nos llevaba en su bangka a conocer las inmediaciones, por el mismo precio de lo que él ganaba pescando un buen día.

En la isla había hasta había peces de colores. ¡Qué más se puede pedir! Nos quedamos 3 días porque yo me tenía que volver a España. Mery casi se queda allí a vivir.

En las inmediaciones, había que ver la Little Boracay, Antonia Island, Bantigue la isla de arena y el lago de agua salada Tangke

LLegar en barco a las islas te permite ir recreando con tiempo lo que te vas a encontrar a tu llegada.

Nuestra amiga Jean nos llevó a ver una plantación de Dragonfruit.


En el Lago de agua salada Tangke, cuando no hay mucha gente pueden verse monos. 



A ver el lago hay que ir cuándo sube la marea para que esté lleno de agua.

La isla de Bantigue, un banco de arena dónde la gente viene a comer vieiras.

Bantigue, agua turquesa y arena blanca.

La little boracay, pequeña isla de arena blanca y agua turquesa dónde hay una señora vendiendo cocos.

Relaxing time.

La isla de Antonia. Hay un pequeño arrecife protegido, plagado de peces de colores :) 

Los colores del edén.
Mery llegando tarde con resaca a nuestro tour, ja ja. 


Algunos amigos del pueblo de Carles.

Jean nos llevó a comer un Halo Halo (del tagao Halo, mezcla).
El Halo halo es típico postre filipino que mezcla hielo con leche condensada, judías cocidas, chucherías varias, galletas, plátanos caramelizados y un largo etcétera de calorías que saben a gloria.

Cuando llegamos a la isla pensábamos que lo típico sería comer pescado, sin embargo, no fue tan fácil. Pescan por la madrugada, así que por la tarde sólo tiene pescado un local del pueblo que tiene frigorífico. Allí nos llevaron en moto y aprovechamos el paseo para conocer la otra parte de la isla.

La chica que nos llevó en moto.

Carles es un pueblo eminentemente pescador.

Limpiando Vieiras y almejas. Nos invitaron a comer.

Dando un paseo por la isla nos encontramos con unos pescadores de vieiras y almejas que nos invitaron a un buen plato de lo que habían capturado ese día. Nos sorprendió gratamente la extraordinaria hospitalidad filipina, cuanto más humilde son las personas más comparten su comida. Supongo que el no ser una localidad nada turística ayuda a relacionarse de una manera más de igual a igual con sus moradores.
El baloncesto, deporte nacional. La cancha es en sí misma la plaza del pueblo. 

Otro amigo del pueblo. 

jueves, 15 de septiembre de 2016

Como en casa en la Laguna de la Somone


A tan sólo 77 km al Sur de Dakar se sitúa la tranquila y hermosa Laguna de la Somone, en la desembocadura del río del mismo nombre. Es un conocido paraíso de aves migratorias con manglares por doquier. 

Está relativamente cerca de la super turística Saly, a la que ni siquiera fuimos a mirar. 

Bienvenidos a la Somone!
Paraíso de tranquilidad, bancos de arena y aguas transparentes.
Rafa, Marcos y Leo a remojo.


Paraíso de aves migratorias. Aquí pelícanos.

Como es habitual una parte preciosa del viaje fue el camino hasta allí, pasando cerca de la Reserva de Bandia y sus enormes baobads. La música del senegalés Ismael Lo y Alpha Blondy amenizó el camino en sumo grado. 
Cerca de la Reserva de Bandia. 

Tres mujeres en el camino.


Un carro tirado por un caballo.

Alquilar una casa en las cercanías de la Laguna y en primera línea de playa es baratísimo, se pueden encontrar por Airbnb. Una casa para nueve personas, con 4 cuartos y 4 cuartos de baños nos costó 90 euros el fin de semana.

La casa a pie de playa.

En la playa pasando por el pueblo de pescadores

Unos niños limpiando una cabra en la playa.

Tirando la basura al mar.
La gestión de la basura es un grave problema en muchos pueblos de Senegal dónde no existen servicios de recogida de desperdicios y la gente tira lo que le sobra al campo o a la playa.