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jueves, 17 de enero de 2019

Cresta de Gallo: la isla desierta

En Isla de Cresta de Gallo.


Si hubiéramos llevado comida y saco de dormir podríamos haber dormido allí.

De paseo por Cresta de Gallo.

El cielo, la arena, el mar y la barca.
Cuando estoy estresada, regreso a Cresta de Gallo. La isla desierta a la que llegamos en una barquita desde San Fernando.
Realmente, la isla no está desierta porque un hombre vive allí y se dedica a tener limpia la playa y hacer el registro de la visitas, que no son muchas... 

Cual Robinson Crusoe.

Disfrutando de tener la isla por explorar.

Atardecer en Isla de Gallo.
 A la vuelta se levantó mareada y nos empapamos mientras el capitán procuraba esquivar las olas.

Escuchando las caracolas.


Selfies playeros.

Escondido en esta montañita hay un faro.

Siempre me ha dado mucha envidia, la gente que va viajando y encima va super mona vestida. Yo no lo he conseguido nunca :)))

lunes, 14 de enero de 2019

Las cataratas Vila Vila y los niños del pueblo


Las cataratas Vila Vila, en Sibuyan Island, cerca de San Fernando.
Cuando llegamos a Romblón (capital de Romblón Island) era fiesta local y había tanta gente en la ciudad y en toda la isla que no había ni un sitio para dormir. Así que gracias a la hospitalidad de los locales dormimos en las oficinas portuarias a todo confort y al día siguiente nos embarcamos de nuevo hacia la isla de al lado: Sibuyan. Cada vez más apartadas del circuito turístico y más adentradas en la vida local del país conocimos las cataratas Vila Vila.

Mery caminando tras los niños que nos guiaron hasta las cataratas.

Al final, lo mejor del viaje no suelen ser los grandes paisajes si no las experiencias que compartes con las gentes que conoces en el camino. Y normalmente te sorprendes más con lo que descubres preguntando a los locales, que con lo que lees en la Lonely Planet.

Mery practicando sus jumpings.
La última de las cataratas Vila Vila, son tres en total.

Uno de los amigos que hicimos durante el viaje.

Los niños de Vila Vila. 

El medio de transporte preferido de Mery es la pata, así que a dónde podíamos llegar andando allí íbamos descubriendo los caminos preguntando a los autóctonos.


Recolección de cocos. Me traje unos a casa como cuencos ecológicos.

Los arrozales. Verde que te quiero verde.

Las peleas de gallos son "deporte" nacional, así que cada uno tiene el suyo en la puerta de su casa. 

Uno de los habitantes de la isla había decorado su casa con botellas de plástico recicladas.
 Una buena forma de darle una segunda vida al plástico, darle color al jardín.


Me hacía mucha gracia encontrarme estas iglesias por el camino. ¿entrará alguien los domingos?
El tuc tuc filipino.

Una pequeña escuelita en medio de la carretera, como una parada de bus.

Tengo que confensar que viajar con Mery cansa :)





sábado, 12 de enero de 2019

Looc, Santuario de Vida Marina



Santuario de Reserva Marina, de Looc


Camino de la Isla de Romblón paramos en Looc, en su Santuario de Vida Marina.

Es una pequeña construcción de madera en medio del mar, desde la que se le puede dar de comer a los peces (cosa que no hicimos) y ver la apasionante vida marina que ofrecen sus corales. Simplemente con las gafas de bucear vimos peces de miles de colores y diseños. Cualquier diseñador de moda fliparía con esos estampados veraniegos. Una maravilla.

Al agua pato.
Este tipo de barcos en Filipinas se llaman bangkas, tienen esas maderas laterales, muy característicos de Filipinas, para no volcar, ya que normalmente atracan en playas con muy poco calado y las barcas tienen poca estabilidad.
Santuario de Looc.
Para moverse por Filipinas, si no vas en avión a las pocas islas turísticas que hay, es bastante complicado. Las Islas de Romblón por dónde nosotras nos movimos, estaban especialmente mal conectadas. Para llegar a los lugares paradisiácos que conocimos tuvimos que trabajar mucho. Madrugar para coger las bangkas de pasajeros y de carga, luego coger los típicos jeepneys, andar, etc. Pero merece la pena, porque es una buena forma de conocer auténticamente el país.

Los típicos jeepneys, que heredan su estética de la Segunda Guerra Mundial.

 La primera vez tuvimos suerte y conseguimos sitio dentro del jeepney, luego nos tocó ir en el techo. Con todo el solano y sorteando las ramas de los árboles.

viernes, 11 de enero de 2019

Carabao Island

Wellcome to Isla Carabao.
Como pasa en los mejores viajes, el plan no tuvo nada que ver con lo que realmente hicimos. El itinerario planteado era pasar unos días en Carabao Island y luego pasar otros en Isla Romblón haciendo submarinismo y pegarnos una fiesta fin de fiesta en la turística y bella Boracay. 

Luego el plan sufrió algunas modificaciones y sobre la marcha fuimos retocando. Creo que lo dijo John Lenon "la vida es que aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes".

Carabao Island, salvaje y paradisiáca.

Quedé con Mery en Caticlán que es el punto para llegar a Boracay, que posiblemente sea la isla con más turistas por metro cuadrado de Asia. Preferimos empezar por la tranquila, bella y desconocida Carabao. Es increíble que estando tan cerca del circuito turístico no se acerque a verla casi nadie.

Las vistas desde Kameo Lodge.
Dormimos por 5 euros al cambio en Kameo Lodge en una casa de madera junto a la playa. Y como el barco no salía todos los días tuvimos sólo un día para recorrerla. Una pena, porque la zona merece bastantes más. Hicimos nuestra primera incursión con gafas de bucear y ya empecé a arrepentirme de no haber pedido prestada la Go Pro. Los arrecifes estaban muertos pero aún así pudimos ver algunos peces de colores y miles de estrellas de mar azules.
Las primeras playas desiertas, de arena blanca y agua turquesa.

jueves, 10 de enero de 2019

Empezando el 2019 en Filipinas


Mery en la paradisíaca Isla Cresta de Gallo. 

2019 empezó con fuerza viajera. Cogí mi mochila y mis gafas de bucear y me fui a Filipinas a encontrarme con la loca de Mery.

Mery es un torrente de energía, vive sin miedo, se ha desprendido de todo y desde hace ya un tiempo viaja por el mundo con su mochila dónde le cabe todo lo que posee. Trabaja en el verano europeo y dedica sus días a conocer el verano asiático con un pequeño presupuesto que le permite disfrutar con creces de la vida. 

En Caticlán, comenzando el viaje.

Mery no viaja, vive en los países, se relaciona con sus gentes y vive como ellos y con ellos. Sortea toda clase de tours turísticos para convencer a los pescadores que nos lleven en sus barcas a pasar el día a tal o cual isla. Y va haciendo amigos y revolucionando los pueblos allá por los que pasa. Mery es un torrente de energía, eso ya lo he dicho. Y ahí a su torrente me uní yo durante dos semanas por Filipinas, aprendiendo a vivir con poco, que es todo lo necesario. Y viendo nacer en mí, gracias a ella, una profunda conciencia ecológica, anti-plástico tras observar los deteriorados fondos marinos y playas.
Viajando por Filipinas.
Muchas gracias Mery por este viaje. ¡Hasta pronto! Contigo, la vida siempre será una auténtica aventura.


Celebrando el reencuentro en Caticlán, con un par de San Miguel y comida casera.